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Con un mate delicioso, espumante (esos que me recuerdan a Vicky y a nuestras noches de estudios universitarios a fines de los `90) estaba re chequeando la lista de confirmados para la fiesta del sábado. En unos días es mi cumpleaños. Sí señor, mi cumpleaños número 41! Es la primera vez que veo el número y sostengo al menos una inhalación.

Esta sensación del tiempo no quita que quiera festejarlo como casi siempre. Hace un mes que planeo la fiesta con Ed y Mache, y todas las mañanas anoto algo que tengo que comprar o preparar en mi lista “mental”.

Pero, esta vez miré el número… Esta vez fue una “primera vez” en la que me sentí en un punto bisagra, mirando al norte, todo lo que me falta vivir, y mirando al sur, todo lo que ya viví. En ese sur lejano, que me da la sensación de estar viéndolo desde la ventana de un tren que recorre la Patagonia, me vi en mis vidas “anteriores”; porque yo creo que en una vida sola, con el mismo DNI, vivimos miles de vidas.

Somos mil personas, cambiamos de piel, nos cambiamos adentro, tomamos decisiones que hoy nos parecen ajenas, amamos con locura a alguien que hoy ni miraríamos, besamos sapos y príncipes, hicimos cosas insólitas y sí, es cierto que de lo que nos arrepentimos, es de todas aquellas cosas que no hicimos.

En el transitar de estos 41, hace casi 10 años que vengo acompañada de la Sra. Artritis. Hemos tenido un gran y desafiante baile, algo así como un tango desenfrenado.

Me llevó al infierno y de vuelta, me hizo sentir un dolor apremiante y paralizante, la odié, la negué, quise no darle bola, le di demasiada importancia, me deprimí, me sacó de a momentos las ganas de vivir, me hizo sentir que no tenía sentido, luego me identifiqué con ella, pasó a ser quien soy, nos mejoramos, me hizo ver todas mis sombras y miserias, me incapacitó y me dio alas, me devolvió la confianza en mí misma, me enseñó a reírme de mí misma, y la paseé por todo el mundo sin importarme mucho si ella tenía algo que decir.

 

Y acá estamos las dos sentadas, en una mañana gris, “haciendo la paz”. Hacer la paz no significa darnos la mano y sentarnos en el piso como Gandhi. Hacer la paz significa permitir que esta relación sane y madure.

¿Quién quiero ser los próximos 41 años? ¿Cómo quiero vivir? ¿Con quién quiero pasar mi tiempo? ¿Cuánto voy a sonreír? ¿Qué voy a comer? ¿Cómo me voy a vestir? ¿Cuánto voy a caminar y cuantas veces voy a ir a yoga?

Preguntas como éstas y sus respuestas, son para mí, hacer la paz. Hacer la paz con la artritis, hacer la paz conmigo, hacer la paz con los demás.

Porque quiero que los próximos 41 años sean una bomba.

Quiero que haya muchos momentos de pasarla bien. Quiero llegar a esos años en los que las personas mayores son impunes y hablan con la soltura de una lengua descarriada que salió del corral, con una cantidad de arrugas que ya ni importan porque las que dolieron fueron las primeras, pero ahora, ahora ya está. Y vivir estos años con la soltura y la tranquilidad de que todo va a estar bien y de que nada es tan terrible. 

Y quiero emocionarme de alegría y de agradecimiento. Porque esto último, es la clave para salir de esos infiernos en los que a veces nos metemos. No creo en las soluciones mágicas, el pensamiento positivo y ya está, todo desaparece. Pero sí creo que esas oscuridades temporales, agradecer nos permiten ir subiendo por una escalera que nos saca de ahí.

Estos son los mejores regalos que me puedo dar: Hacer la paz y Agradecer.

Agradecer que me tocó una familia que es un circo pero tiene un corazón gi-gan-te; que a lo largo de mi vida hice una cantidad de amigos que quiero abrazar todo el tiempo y a quienes extraño, y quienes muchas veces me abren los ojos, que muchas de ellas me conocen desde que en las fotos del colegio salía sin dientes, que me crucé con muchísimos maestros – algunos que ni ellos mismos saben que lo son, con médicos que me escucharon y terapeutas que me vieron patalear e intentar sacar todo para afuera, que siempre tuve un trabajo desafiante en el que me sentí útil, que tuve los medios para hacer y deshacer experiencias a mi antojo, que vivo en una era en dónde la tecnología me permite conocer gente a la que nunca accedería; y que sé lo que es el amor porque lo sentí y me lo dieron.

 

Me veo sentada en ese momento en que el carrito de la montaña rusa terminó de subir lentamente y hace una pequeña pausa antes de soltarse y hacernos pasar los minutos más emocionantes, aunque de a ratos el vértigo nos haga pensar “para qué mierda me subí acá???”.

Pero algo muy extraño sucede, aun cuando juramos no volverlo a hacer, porque siempre, siempre queremos volver a subir.

Grazie Mille!

 

4 pensamientos en “Feliz Cumpleaños!

  1. Feliz cumpleaños!!!! me siento tan identificada con tus palabras, que hay frases que parece que las hubiera escrito yo!!!! jajaja
    Llevamos mas o menos el mismo tiempo con AR y tenemos casi la misma edad…. sigue escribiendo! nos haces bien a muchos….

    Me gusta

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