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Hace unos meses me fui a visitar a mi amiga, Flor, que vive en Tilcara, Jujuy, desde hace más de 3 años.

Flor es una de esas heroínas que se encuentran en mi repisa de “gente que admiro”, quien un día decidió que su lugar en el mundo estaba en este pueblo a 2400 metros sobre el nivel del mar, y no en Belgrano, cerca de la estación Lisandro de la Torre.

Ella superó todos los comentarios y miradas, que no hablaban pero internamente dictaminaban: “qué vas a hacer en el medio de la nada”…

Aparentemente, los seres humanos somos así… basta que alguien haga algo diferente, para enseguida entrar en ese espiral de tirarle al otro, todas nuestras inseguridades, los miedos, los mandatos y aquellas cosas que no nos animamos a hacer.

***

Este viaje coincidió con el Vencimiento de mi Certificado de Discapacidad.

Hace 5 años, en medio de una crisis de inflamación que no me dejaba caminar, y contra la cual la cortisona no daba abasto, tuve que buscar remedios mucho más fuertes, experimentales y novedosos para evitar que la artritis se comiera mis rodillas, para terminar infiltrándolas y volver a llevar una vida casi normal.

La dificultad de conseguir el turno, los certificados médicos, estudios varios y un exhaustivo análisis de la junta médica fueron parte del proceso para conseguirlo.

Así llegué un jueves a la mañana, con frío, mucha bronca y algo de vergüenza, me senté a explicarle a los médicos, mientras analizaban mis radiografías, laboratorios y resonancias, me preguntaron: qué cosas no podía hacer más a raíz de mis enfermedad y que había tenido que adaptar en mi vida.

En ese momento aún no tenía ni el nivel de aceptación ni la capacidad de amor propio que tengo hoy. Empecé a hacer la lista… y empecé a sentirme pequeña, indefensa, limitada.

Pero también consciente y agradecida de la gran cantidad de recursos que tengo y la enorme cantidad de personas que me rodean y cuanto todo esto ayuda a hacer el día a día mucho más llevadero… no creo poder imaginar lo que sienten aquellos que tienen que lidiar con estas cosas solos, con menos información y con menos recursos para llevar adelante una vida que les hace cada vez más difícil.

Así que dejé de sentir tanta pena conmigo y saqué fuerzas para responder todas las preguntas que me iban haciendo sin importar cuan incómodas fueran.

Y por otro lado, con tanto chanta dando vueltas que falsifica certificados para estacionar donde quiera, es razonable que tomen las medidas necesarias para asegurarse que esto corresponde.

Pasaron varios años hasta que me animé a decirlo sin pudor: “si, tengo un certificado de discapacidad”.

***

Un 28 de marzo, mientras estaba en Tilcara, el plazo del certificado terminó y cumplió su ciclo. Hoy no estoy necesitando los mismos medicamentos de aquella vez, y con mucho trabajo físico terapias varias, tengo una movilidad que adoro.

El tema con estas enfermedades crónicas y que se manifiestan de manera diferente cada día, es que en el momento menos pensado, aparece algo que nos saca del “país de las maravillas” y nos trae como el sombrerero loco de Alicia, a la realidad.

Y yo me había olvidado de este detalle mientras estaba disfrutando de mi estadía en Tilcara. Pero una mañana, como es habitual en mí, me desperté bien temprano. Conociendo mi adicción al mate, Flor me había dado las llaves de la cocina para poder hacerlo a penas me levantara.Esa cerradura, como cualquier puerta nueva, tenía un pequeño juego y había que tener fuerza y maña para girarla.

Yo no tenía ninguna de las dos y simplemente no pude abrir la puerta…

Llave 1, Lola 0

La llave me ganó y así me quedé sentada en la puerta. 

Hubo un instante en que volví a ese sentirme pequeña, limitada, derrotada.

No importa todo lo que haga, siempre me voy a encontrar con este tipo de límites: otra vez rendida frente a algo que para mi era un obstáculo.

***

Volví a mirar a mi alrededor… era una mañana fresca, pero tenía un sweater abrigado. Estaba amaneciendo en Tilcara y el sol golpeaba contra unas montañas cuyos colores cambiaban con cada nuevo rayo que salía, el aire es limpio y yo estaba ahí, en ese “medio de la nada” con la opción de sufrir con esa situación o de aceptar que contra esto puedo dejar de castigarme por todo lo que no puedo hacer.

Cuanta de la felicidad en nuestra vida se trata únicamente de decisiones. Mucha gente va a decir que no, que hay cosas que nos pasan, que si nos sentimos mal, no podemos elegir ser felices y que a veces se siente y a veces no…

Yo creo que siempre podemos, sin caer en la negación, elegir cómo vamos a ver las cosas que nos tocan vivir y atravesar, con cual de esa cantidad infinita de lentes que tenemos.

El tema está en que la perspectiva que elijamos va a dictaminar cuál va a ser nuestra experiencia con eso. Y eso siempre va a impactar en nuestro nivel de felicidad y disfrute de la vida que vivimos.

Unos minutos más tarde, Flor bajó, me abrió, me preparó un mate y se fue a dormir de vuelta. Yo me quedé disfrutando de ese mate y estudiando alemán mientras miraba a la puerta que no me había dejado entrar unos minutos atrás.

Siempre va a haber lugar si quiero sentir pena por mi misma y ver todas las limitaciones. Así como siempre también, siempre existe la posibilidad de ver todo con otros ojos… No se uds pero yo ya me canse de sentir miedo, de verme limitada, de encontrar puertas cerradas en vez de abiertas…

10 pensamientos en “Quien me abre?

  1. hola tbien soy argentina ,aunque no me lo siento , tbien tengo artritis, aunque no me lo creo , pero me da x decirte q lo tuyo es de masiado conformismo disculpame si t e car mal un saludo

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    • Querida Liliana, muchas gracias por tu mensaje.
      Te agradezco mucho how tu sinceridad y lamento que estés padeciendo también esta enfermedad que no nos da tregua y nos hace sentir la cada mañana y cada noche también.
      Lejos de ser conformismo, la idea del Blog es, además de compartir las experiencias y cosas que nos pasan, mostrar qué es lo yo voy viviendo. Tuve mi diagnóstico hace más de 7 años, pero solo pude comenzar a compartirlo y aceptar que esa era mi realidad, hace 4 años… los primeros años, como bien decís, son difíciles de creer y por ende, difíciles de aceptar y con cuyos síntomas es casi imposible convivir. Una actitud positiva frente a eso, no lo sana, pero en mi experiencia, si me permite llevar una vida más tranquila y normal. Y me saca también del lugar de víctima, que desde mi punto de vista, no suma para ser más feliz. Espero que estas palabras te hagan sentir mejor. Saludos, Dolores

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