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Bien temprano a la mañana, de hace unas semanas, mamá me mandó un mensaje:

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En dos meses voy a estar viviendo, al menos por un tiempo o quién sabe, en otro país.

Para algunos quizás sea una sorpresa. Para otros, un desperdicio de mi carrera o una pérdida de tiempo. Para los más cercanos, una situación difícil de aceptar y el saber el dolor y la extrañitis que implican la distancia física y la diferencia horaria.

Mi papá, como buen abogado, me enseñó que en muchas de las situaciones en las que a él le tocó practicar en una causa, era muy importante entender que quienes defendía o asesoraba, más allá de que él estuviera o no de acuerdo con su proceder, siempre tenían una razón por la cual habían actuado como lo habían hecho.

Esta enseñanza me quedó muy grabada. Y fue también lo que me permitió sobrellevar innumerables situaciones a lo largo de mi vida: entender los motivos.

Lo cierto es, que ninguna parte de mi decisión es impulsiva o irracional. Detrás de ella hubieron años (sí, años) de ideas, deseos, terapias, coaching, constelaciones, reflexiones, charlas con amigas, planificación, pruebas y errores, viajes…

Y tengo que confesar que muchas veces entre los miedos que me atravesaban y me hacían dar un pequeño paso hacia atrás, estaba mi artritis…

Últimamente, ella y yo estamos en una buena situación. Nos estamos llevando bastante bien. Tenemos nuestros días… como toda relación. El calor abombante y la humedad aplastante de Buenos Aires en estos últimos días hizo que sintiera cada huesito de mis manos, cada articulación de mis pies, cada tendón que se engancha y pincha el hombro como si un perro boxer me estuviera literalmente, mordiendo!

Pero acá, en mi ciudad, me conozco más, sé a dónde ir, siempre está mamá para llevarme a una guardia, conozco las marcas de todos los ibuprofenos que se fabrican en territorio nacional y a nadie a mi alrededor les resulta raro que les pida que me abran una botella o me ayuden a ponerme el tapado, entre otras cosas.

El tema es que este revolucionario cambio implica hacer un giro en “U” de lo que viene siendo mi vida en los últimos años, un volver a empezar en muchos sentidos y un salto al vacío de una situación que hasta ahora, desconozco.

Después de semejante argumento sé que muchos de los que están leyendo responderían simplemente que ante taaaaaaaaaaanta incertidumbre e incomodidad, quizás sería mejor repensar las cosas con la cabeza más fría y quedarse uno ahí quietecito donde está.

La realidad es que ya lo hice. Ya lo pensé, lo re pensé, le di miles de vueltas y llego siempre al mismo lugar: que todo esto es algo que me pido a mí misma desde hace tiempo. Me tira desde un lugar donde no lo puedo explicar racionalmente.

¿Entonces qué hacemos con este miedo?

Maru me diría que si no sintiera miedo, no sería humana. Creo que esto ya se los conté varias veces… y ser humano… mamma mía… qué enormes tsunamis emocionales nos hace atravesar.

***

Cuando me estaba yendo a Tailandia de vacaciones, un viaje que se había hecho esperar casi 7 años!, mamá me preguntó porqué no elegía otro lugar donde hubiera menos humedad o presión más alta para evitar la posibilidad de que me doliera el cuerpo durante ese viaje.

Mi respuesta fue con-tun-den-te: “No voy a modificar nunca algo que realmente quiero hacer por mi artritis… no quiero que me frene o que de alguna manera me limite, más de lo que ya me limita en el día a día…

Y tuve la suerte de que en ese viaje, la artritis y yo, nos llevamos muy bien…

Pero los miedos siempre están… y creo que la única manera que tengo de moverme para adelante, es saber que van a estar… No por eso me puedo quedar sentadita en un balcón viendo la vida pasar… porque creo que la vida es eso que hacemos, que experimentamos y todos los miedos y situaciones incómodas que nos tocan vivir.

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Esta enfermedad me ha hecho dar cuenta de cuánto me preocupo o cuánto temo demás… cuantas ideas surgen en mi cabeza ocupando espacio, que nunca ocurrieron y que no van a suceder…

Voy a llorar muchas veces, voy a putear por que me va a doler, van a haber días malos… tengo certeza de que algunas veces sucederá… pero también sé que muchos de los miedos que fui compartiendo con ustedes en los últimos 3 años en este blog, fueron sólo eso: miedos!

 

2 pensamientos en “los miedos siempre están

  1. Ser valiente no es no tener miedo, es tenerlos y atravesarlos. Me enorgullece, me inspira y me da mucha felicidad saber que estás por concretar este proyecto. Te sigo el rastro por las redes. A volar, mujer!
    Pd.: estamos por empezar la adaptación de Ivana en el jardín, la entiendo mucho a tu mami 🙂

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  2. Sos grossa Lola!
    Los miedos son herramientas q ayudan a crecer y a veces tb funcionan como sensor de peligros.
    Creo q de una u otra manera, tarde o temprano, la vida nos lleva a atravezar y superar esos miedos. Lo querramos o no. Tal vez saber esto nos ayude a soltar y acelerar el proceso.
    Alguien dijo, paciencia infinita produce resultados inmediatos.
    Besos

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