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silencio-hospitalGuardia del sanatorio. 3er domingo en el año! (qué pasa los domingos???)

Y yo, me desmorono. Al día de hoy y después de 4 años puedo lidiar con el dolor, con alguna incapacidad, con adaptarme frente a algo que debería moverse y no se mueve, etc.

Pero… Pasan cosas como estas: infección urinaria, y siento que el mundo se me viene abajo. Lloro como novela venezolana, con esas lágrimas gordas y calentitas.

 

Lloro con bronca, con frustración, con enojo, con impotencia.

Sin embargo, no puedo hacer nada más que ser práctica. Agarrar mi cartera, buscar mi carnet de la pre paga y manejar hasta la guardia, esperando que, como es domingo al mediodía, no haya tanta gente y todos los que se sientan mal estén todavía disfrutando del asado.

Antes de pasar por la puerta, intenté encontrar algún argumento – a modo de mantra, que me hiciera sentir un poco mejor…

“que suerte que tengo una buena prepaga”

“que bueno que este sanatorio me queda cerca”

“que bueno que lo agarre con las primeras molestias y no pasó a mayores”

Y bla bla bla… A la mierda los argumentos positivos! No tengo ganas de ser positiva en este momento.

Antes le 1920025_10153871936025128_427434849_npedía a alguien que me acompañara; después, y considerando que esto puede ser recurrente, me pareció una guachada sacar a algún familiar de donde estuviera para que se queden sentados al lado mío durante más de una hora mientras hacemos todos los controles de rutina para confirmar lo que ya se que es.

Intento aguantar las lágrimas porque hay mucha gente en la guardia… Pero Mache me hace compañía por whatsapp desde su París adoptiva y mientras trabaja, y esa compañía virtual me enternece y me hace largar un par de lagrimones mas. La quiero tanto. Me manda corazones de colores. Me hace preguntas divertidas, y así el tiempo pasa. Sabe que estoy intentando usar estos sentimientos para escribir este post y me compara con Frida Kahlo: “Sacando arte de las situaciones más dolorosas”. Me siento halagada.

 

Mis amigas y mi familia son joyas. No se que haría sin ellos.

Así y todo prefiero estar sola en la guardia. Me aflige que se aflijan.1375835_286208631576944_3986251580093506701_n

Me faltan 3 turnos todavía. Empiezo a repasar en mi cabeza qué mierda puedo haber hecho para estar acá ahora. Es cierto que estar inmunodeprimido implica este tipo de predisposiciones a sufrir infecciones que un cuerpo normal combatiría más efectivamente.

Eso hay que aceptarlo como parte de esta vida que vamos a transitar.

Y me niego a victimizarme. Me niego a dejar que esto me deprima y me saque las ganas de cosas lindas que son parte de mi vida.

Lo irónico de esta declaración es que la única manera de recuperar esa fuerzas y esas energías para seguir adelante es: permitirse desmoronarse.

Cuantas veces nos permitimos desmorarnos?

 

Sea por la razón que sea.

Cuantas veces nos aflojamos, dejamos de sostener y nos permitimos sentirnos tristes, débiles, vulnerables y desconsolados?

En mi caso? Pocas. Lo tuve que aprender a hacer.

Hace un par de años, me desmoroné en la cama de Mache mientras intentaba atarme las zapatillas. Me abrazó fuerte y me dijo que me lo tenia que permitir. Otra vez me desmoroné hablando con mi hermana una tarde de sábado en que me tuvo que venir a buscar.

Así como abogo por encontrar la fortaleza interior, por la importancia de ver el lado positivo de las cosas, por la infinita templanza que tiene nuestro espíritu para enfrentar lo que venga, debo reconocer que nada de esto sería posible sin la aceptación y experimentación de nuestras mayores debilidades; sin esos momentos de humanidad li-mi-ta-dí-si-ma y vulnerable que nos hace sentir pequeños y necesitados.

En los momentos de bonanza nuestro ego, nos hace sentir que no necesitamos a nadie y controlamos todo lo que pasa a nuestro alrededor. Esto se derrumba como castillo de naipes cuando nos sentimos mal.

Y aceptar nuestra pequeñez es difícil.

Y aceptar que hoy simplemente no podemos más y que la situación nos sobrepasa, más difícil aún.

Mamá me llama para ver como estoy, y al rato, la veo entrar por el pasillo. Mache me hace reír, y entre las dos me hacen parecer loca riéndome y llorando al mismo tiempo mientras espero que me llamen del laboratorio.

Antibióticos, mucha fruta, agua y verdura cruda serán la salvación.

Mañana será otro día… hoy, la desmoronada se deja atender, mimar y dormir la siesta con mis sobrinos hermosos que son lo más.

De fondo, Salvador repite toda palabra nueva con la ambición de un enano de 2 años que quiere saberlo todo, Cami abraza fuerte a su mamá y se tira con nosotras como una nena grande a ver una película, Sansón juega al ipad repitiendo las hazañas que va logrando a medida que pasa niveles de juegos que no comprendo… mi hermana de un lado, mi cuñada (que es casi una hermana), de otro. 

Literalmente, mañana será otro día!

Hoy me desmorono acompañada… y me siento querida, y agradecida

 

2 pensamientos en “desmoronarse

  1. Loli, sos un modelo para mi. como nadie. te lo dije? alguna vez quiza… no suficientemente. Nunca es suficiente, porque te merecés nuestro apoyo, y porque a mi también me hace bien decirte lo que te quiero y lo que me ayudas, vos. Tu apoyo desde chiquititas…. ❤

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  2. Pingback: La 4ta es la vencida… | de dolores y sonrisas ...

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